martes, 22 de noviembre de 2011

El apoyo

Uno de los muchos problemas que nos encontramos las personas con una enfermedad crónica o, en mi caso, además rara... Es el rechazo social. De los que todos y cada uno de nosotros tenemos un poco de culpa. Hemos diseñado un mundo regido por falsos cánones de belleza, hemos creado enfermedades propias de esos cánones (bulimia, anorexia, vigorexia)... Hacemos apología del culto al cuerpo, de la eterna juventud, dejando muy atrás, casi perdido en el tiempo, valores como la constancia, la fuerza, la templanza, el afán de superación... Y todos estos valores los tienen las personas con una enfermedad rara ya que, sin todos esos valores, serían incapaces de sobrellevar el dia a día. Sin embargo, nuestra sociedad no es justa, ni generosa y, a veces, ni siquiera solidaria... Y miran fijamente lo raro, o tratan de apartarse de ello por puro miedo, por desconocimiento. Ese es el gran rechazo social, esa lacra que, aunque hemos comenzado a combatirla, aún nos quedan muchas mentes cerradas que cambiar...

Sin embargo, en este post, quiero hablar de otro "rechazo"... Ese de nuestro propio círculo, de nuestras amistades o conocidos... De esos que preguntan solo por curiosidad y por morbo trantan de ahondar, a base de certeras preguntas, en una herida sangrante. O peor aún, la dejadez y la desidia de aquellos que, auto-denominandose amigos tuyos, son incapaces de sacar dos segundos, coger el teléfono y preguntar algo tan simple como un: "¿Cómo estás? ¿Cómo te sientes hoy?".  Lo he sufrido yo misma y me han decepcionado muchos de esos amigos que no lo eran tanto...

No me siento especial, se que a todos nos ha ocurrido por lo menos con alguien... Y es triste esperar algo que nunca llega... Y es duro querer a alguien y no sentir esa correspondencia de sentimientos... Y pensar que estamos viviendo en un mundo que, a mi juicio, es cada vez más egoísta.

Este fue uno de los motivos que me llevó a reducir mi circulo de amistades a la mínima expresión... Pero sabiendo que ésos que se quedaban eran los mejores, los que se preocupan por mi, los que me quieren de verdad (y no por intereses varios) y además, no solo me quieren, si no que son capaces de demostrarlo. Lo mismo digo con la familia.

Una persona con una enfermedad crónica, jamás debería de desperdiciar un pensamiento triste por culpa de nadie, porque nuestra situación ya es bastante incierta y complicada como para que vengan otros para complicarla más.

Si conoces a una persona con una enfermedad crónica o rara, aunque no lo diga, aunque se ría, aunque luche.... No lo dudes, está sufriendo y seguramente tenga muchisimo miedo. Lo mejor que puedes hacer es demostrarle cuanto te importa y hacerlo más a menudo que lo harías con una persona que no tenga problemas. No hablo de grandes demostraciones... Hablo de esos pequeños detalles que no deberían de perderse nunca... Un como estás a tiempo, un abrazo, un "yo estoy aquí", un "¿Cómo te puedo ayudar?".... O simplemente pararse unos minutos a escuchar a la persona que lo pasa mal.... No solo basta con oír, también hay que aprender a escuchar y quizá, si lo haces, aprendas muchísimas cosas de esos valores perdidos como la constancia, el valor o la autodeterminación.

Este post se lo quiero dedicar a todos mis amigos (Cristina, Amparo, Jose, Victor, Juan, Javi, Juanma, Juana... y alguno que seguro se me queda en el tintero) y a mi familia. Pero también a esos que he echado de mi círculo porque, al hacerlo, ahora soy un poco más feliz.

1 comentario:

  1. Pues sí, no merece la pena desperdiciar ese tiempo precioso en pensamientos tristes por alguien que no llegó, no lo hizo y el se lo perdió. Eso creo, y he dejado muchos amigos en el camino, tal vez ellos no tengan toda la culpa, igual yo no les hice ver que les necesitaba aunque insití en que estaba aquí siempre que quisieran, que no debían de tener miedo a lo desconocido, que yo se lo explicaría lo mejor que puediese, dado que para mí tambien era desconocido. Así que realmente pienso, que ellos se lo han perdido, porque quien conoce a mi tesoro estoy segura que algo a aprendido, sobre todo a saber que se puede y se debe intentar ser felices y vivir la vida, que es lo único que tenemos en propiedad. Un beso Cristina, gracias por estar aquí y dejarnos estar.

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